Infidelidad. Para algunos es una afirmación no una pregunta: somos fieles por naturaleza. La verdad es que lo que es normal en el ser humano no es fácil de categorizar. La fidelidad hacia la pareja tiene diferentes razones de ser en función de a qué aspectos se atienda: propiedad privada y exclusividad, necesidad de sacar a delante a unos hijos, la seguridad que otorga tener a un compañero incondicional al lado, la necesidad de sentir nuevas experiencias (enamorarse, seducir, competir por agradar…), la capacidad para negociar necesidades y afrontar conflictos, y por supuesto la compatibilidad real entre los miembros de la pareja. Lo normal es que las relaciones crezcan con la esperanza de que no se vayan a romper, con el deseo de exclusividad, sintiendo que no se quiere compartir bajo ningún concepto al otro con nadie. Este sentimiento es apasionado y favorece relaciones marcadas por el deseo sexual.

La sensación de pertenencia puede mantenerse más allá de la pasión inicial y a veces es suficiente para conseguir fidelidad. Aun así tener o no tener relaciones fuera de la pareja está marcado por otra serie de factores relevantes. Hay personas que por más que se pudieran fijar la meta de ser fieles a su pareja jamás podrían conseguirlo, son personas que pueden querer realmente al otro pero por su trabajo, tipo de relaciones o características de personalidad acaban favoreciendo otras ilusiones, deseos, y finalmente la infidelidad.

Fidelidad cómo decision

Realmente creo que la fidelidad es una opción que en función de cada uno, se decide alcanzar, fingir o huir de ella. Se puede elegir ser fiel a la pareja o no. La infidelidad suele surgir con más frecuencia de una oportunidad puntual de sexo sin compromisos o del roce diario con otra persona, generándose el afecto y el deseo y haciendo difícil poner un freno a partir de un determinado punto. Sobre esto le recomiendo que eche un vistazo a un artículo: la fórmula de la fidelidad. En ella se recopilan muchas variables importantes.

El roce diario, la negociación de necesidades individuales, y en concreto, el desgaste diario de la crianza de los hijos, son factores que favorecen el distanciamiento de la pareja y a la larga de la infidelidad. Cuantas más tensiones se acumulan más sencillo es encontrar a alguien nuevo que acepte incondicionalmente cómo es uno. Es fácil comparar lo que se tiene con lo que se podría tener, y por supuesto es más sencillo plantearse la ruptura de pareja si las alternativas que aparecen son gratificantes.


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