Difunciones sexuales

La respuesta sexual humana se divide, a grandes rasgos, en cuatro etapas: el deseo, la excitación, el orgamos y la resolución. Cuando existe alguna dificultad o problema persistente en alguna de estas fases, el cual impide al sujeto el disfrute pleno de la relación sexual, se habla de “disfunción sexual”. Las disfunciones sexuales son diversas y afectan a hombres y mujeres en distintas dimensiones de su salud y vida sexual. Las causas de las disfunciones también son múltiples, y pueden responder al plano físico, psicológico o ambos al mismo tiempo.

En muchos casos las disfunciones sexuales se manifiestan al inicio de la vida sexual. En otros, se desarrollan con posterioridad. Que una persona haya tenido o tenga de una vida sexual “normal”, satisfactoria, no significa que más adelante pueda verse afectada por una disfunción sexual. Tampoco significa que la vaya a tener de por vida: algunas disfunciones son transitorias y responden a ciertas circunstancias, mientras que todas son solucionables mediante un tratamiento adecuado.

Tipos de disfunciones sexuales

Como dijimos, las disfunciones sexuales son muy variadas y responden a las distintas etapas del acto sexual. Según este criterio, se establece una clasificación en cuatro grupos. No obstante, la actividad sexual es un todo complejo y no una simple sumatoria de partes, por lo que una disfunción en alguna de las etapas puede acarrear problemas en las restantes.

Trastornos del deseo sexual: Este tipo de disfunción se denomina “anafrodisia”, que significa la ausencia o disminución del deseo sexual. Generalmente responde a causas hormonales o emocionales.

Trastornos de la excitación sexual: Como indica su nombre, son las disfunciones que dificultan el inicio o el mantenimiento de la excitación durante la relación sexual. En el caso de los hombres el problema se hace más evidente a causa de la “disfunción eréctil”, anteriormente referida con el término poco feliz de “impotencia”. En la mujer se hablaba de “frigidez” de manera despectiva, aunque actualmente se emplean términos médicos relativos a los diferentes desórdenes de excitación.

Trastornos del orgasmo: Las dificultades para alcanzar el orgasmo, tanto en hombres como en mujeres, se conoce con el término general de “anorgasmia”, si bien hay varios matices en este tipo de disfunción, que incluyen los orgasmos precoces y tardíos.

Trastornos de dolor sexual: Las disfunciones más frecuentes de este tipo afectan en su inmensa mayoría a las mujeres, en trastornos como la dispareunia (intenso dolor durante o después de la relación coital) y vaginismo (contracción no voluntaria de los músculos de la vagina, impidiendo la penetración).

Causas y factores de las disfunciones

Como todo fenómeno sexual, las causas de la disfunción no son simples ni lineales. La misma disfunción, de hecho, puede ser producida por factores muy distintos en cada persona. Lo orgánico, los psicológico, lo cultural y hasta la comunicación con la pareja inciden en la generación de estos trastornos. Sin embargo, hay algunos grupos de factores que podemos identificar como alicientes de las disfunciones, y cuya identificación es fundamental para el tratamiento.

Causas emocionales: La sexualidad está íntimamente ligada al plano afectivo y emocional, por lo que cualquier problema en este plano afecta al terreno sexual. Ello abarca tanto la relación con la pareja como las características psicológicas de la persona. La baja autoestima, la depresión, los miedos, las experiencias anteriores, los traumas, el estrés, todos son factores que pueden devenir en una disfunción sexual.

Causas físicas: Los desequilibrios hormonales son la principal causa orgánica de las disfunciones sexuales; a lo cual se suman los desórdenes endocrinos, problemas de riego sanguíneo y la presencia de algunas enfermedades como la neuropatía diabética o la esclerosis. Otros factores físicos tienen que ver con el consumo de sustancias nocivas, como el alcohol, la nicotina, los estimulantes y otros psicofármacos.

Los pasos para la solución

Sea cual sea la causa y la disfunción, es posible tratar el problema para que la persona pueda disfrutar sin restricciones de su vida sexual. El primer paso fundamental a dar es el reconocimiento del problema y la conversación con la pareja. La mejora en la comunicación con el compañero sexual es imprescindible para resolver las dificultades en conjunto.

La consulta médica con un especialista es el siguiente paso. El médico, psicólogo o sexólogo (muchas veces en un equipo multidisciplinar) recomendará el tratamiento más adecuado al problema, casi siempre realizado a nivel de la pareja.


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